lunes, 14 de mayo de 2007

Visita al doctor Grisly

Me encontraba recostado en el sillón, parecía mas incómodo que de costumbre...El ventilador giraba desquiciadamente sobre mi generándome mareos, preferí no volver a mirarlo,
sin embargo la frescura que producía dentro de la sala era gratificante.

- Doctor... de verdad, yo no hice nada.

No respondía nada, el doctor Grisly me miraba fijamente con ese par de pequeños ojos,
que en algún momento tuvieron que aprobar miles de exámenes para poder tapizar las paredes
con tantos diplomas y reconocimientos, y aún así, yo no creo en él.
¿Entonces que demonios estoy haciendo aquí? Sometiéndome a psicoanálisis absurdos... yo no estoy loco...

- Ella me obligó a hacerlo. Todo transcurría como cualquier día normal, de verdad doctor, lo juro.

Mi voz fué desvaneciendo en lo que terminaba esa frase, ¿de verdad yo no tengo la culpa de nada?Ella ahora está muy lejos, tan lejos... Bueno tal vez no tanto, solo tomo un par de microbuses y la segunda rutame deja justo en la puerta del panteón. Ella está ahí, claro... si es que los gusanos no la han tomado como cena aún.

Ella me sirvió de comer, el plato frío, para colmo, ¡era justo que yo me quejara! Después de largas jornadas de trabajo,
mínimo merezco que mi sopa esté, vaya... ¡tibia!, por lo menos tibia; y todo parecía como si hubiera echado cubos de hielo
a la crema de champiñón, que ni siquiera era casera, sino de esas famosas latas que luego se ven en los museos.
Yo no entiendo nada.

- Estaba cansado, agotado. De verdad, en otras condiciones, esto no hubiera pasado... ¡Lo juro!

Todas esas palabras iban directo a la coladera. El doctor Grisly me ignoraba sutilmente, yo lo sabía, no se molestaba ni siquiera en voltear a verme, pero yo, tan bondadoso, le regalé el beneficio de la duda, y seguí...

- Además, ¿a quien se le ocurre poner un cuchillo con filo para la mantequilla? Solo a ella doctor, solo a ella...

Siempre pensé que estaba tonta, que una mierda de gato piensa más que ella, pero creo que alguna vez la quise,
y por eso me casé con ella.

Champiñones, prefiero la crema de papa, ni siquiera eso pudo hacer bien. Decidí perdonarla por servirme frío, lo mas seguro es que el gas se haya terminado, y como no me han pagado la quincena, pues...Desde el otro extremo de la mesa, ella también tomaba su sopita, pero Dios quiso que yo volteara en el momento indicado en el que ella suspiró sobre su plato y una pequeña nube de vapor salió develandome la verdad.
¡ Mi comida estaba fría a propósito !

Yo no se lo podría perdonar, nunca... ¿Cómo se atreve? ¡Es una puta!

- ¡Ay! Perdone doctor, no quise rasgar su sillón, pero... bueno supongo que usted debe entender que la emoción a veces le gana a la cordura.

Por eso agarré el cuchillo de la mantequilla, me subí a la mesa y la agarré del cuello escupiéndole en la cara. En el camino, tiré todos los platos, los vasos, y esas tacitas que le regaló su mamá en la boda, unas muy bonitas de cerámica hindú; derramé el agua, la sopa y la mantequilla ayudó a deslizarme y llegar a su yugular mas pronto.

Cuando menos me di cuenta, mi camisa ya se había teñido, mi camisa gris, barata y horrorosa, tan tiesa como si hubiera sido
sumergida en almidón por una semana entera, pero debo admitir que esas manchitas rojas le daban un toque especial.
Hice un par de llamadas, y primero caí al hospital, luego a la delegación, y ahora aquí estoy...

- Yo no estoy loco ni mucho menos, solo hice lo que sentí... y nada mas... es como pintar un cuadro o escribir una canción... incluso podría asegurar que, pues... soy un artista. Así es, doctor Grisly, soy un artista.

Volteé a verlo, y su mirada me perturbó un momento. El doctor me observaba de una manera fría y callada, como cualquier osito de
peluche. Su pelaje castaño se veía muy limpio, más que otras veces, y sus garras redactabas todas y cada una de mis palabras.

Yo creo que el doctor Grisly me ayudará a que no me metan a la carcel, o... ¡Dios no lo quiera! termine yo en un psiquiátrico... Estoy seguro que doctor Grisly está de mi lado, su amante es hermosa, y como ella... ¡quedan pocas!
A varias me las he encontrado en centros comerciales, pero en forma de caros abrigos.

En cambio mi esposa, bueno... no tenía nada especial, vacas quedan muchas...

1 comentario:

r0be dijo...

yo si soy un artista!